El último año la habíamos pasado bastante mal.
Mi papá había sido estafado, mi mamá había perdido su empleo y mi hermano había tenido un grave accidente automovilístico que le dejó secuelas hasta el día de hoy, tanto físicas como psicológicas.
Fue ese el mayor motivo por el que decidimos mudarnos. Alejarnos de todo, dejar atrás el pasado.
Costaría bastante pero estábamos dispuestos a tomar aquella medida.
Al ver la carretera desde el auto, pensaba en mis amigas de toda la vida, en mi casa, en mis cosas, y en todo lo que tenía que cambiar para volver a empezar.
- Les gusta? – preguntó mamá al llegar a la casa. Allí había vivido en su infancia. Cuando mis abuelos murieron se la dejaron como herencia y ahora nada mejor que ir a aquel pueblo.
- No está mal. - contestó papá y comenzó a bajar cosas del auto.
- No está mal? – interrumpió Jensen, mi hermano, mientras lo ayudaba a bajar del auto – En cuanto pongamos un pie dentro se derrumba. – dijo indignado al ver el estado en el que se encontraba la casa. – y vos soltame, puedo solo.- me dijo mientras trataba de ayudarlo con su silla de ruedas.
- Ya la vamos a arreglar Jensen, qué esperabas encontrar?- contesté aún tratando de ayudarlo.
- Te dije que me sueltes.- contestó clavándome su mirada en mis ojos. Lo solté.
Esa mañana ordenamos todo lo que pudimos, tratamos de limpiar y decidí ir a inscribirme al colegio.
Ni bien llegué allí pude notar a todos mirándome. No era ni la mitad de gente que concurría a mi colegio anterior, pero todos sus ojos estaban posados en mí como si yo fuese algo extraño.
Arreglé mis horarios con la secretaria y pude comenzar ese mismo día.
Las primeras clases fueron bastantes desagradables, nadie me hablaba, no entendía nada de lo que decía el profesor y para completar mi mal día comenzó a llover.
No podíamos estar en el patio, por lo que nos quedamos en el bufet. Me senté en una mesa a tomar un café y esperar la próxima hora de clase. Estaba totalmente incómoda.
Por supuesto que allí también había “populares”, las porristas y los rugbiers. En el otro colegio yo era una de ellos, pero esta vez quería ser de otra forma. Pasaron por al lado mío y me miraron con desprecio. Algunas se rieron, supuse que de mí, pero no me importó en lo más mínimo. Sonreí y bajé la mirada.
- Hola!- dijeron tres chicas sentándose en mi mesa. Miré a mis espaldas a ver si le hablaban a alguien más.
- Sí, a vos te estamos hablando.- dijo la primera. Llevaba su rubio pelo atado, sus ojos apenas delineados y su ropa de varios colores.
- Hola.- dije con una mezcla de timidez y de sorpresa.
- Soy Mica.- dijo nuevamente esta chica.
- Yo soy Dena y ella es Cami.- dijo una segunda. Su cabello era castaño claro y lo llevaba suelto. Vestía la ropa de última moda y dejó sobre la mesa su carpeta que tenía a Marilyn Monroe en la tapa.
- Yo sé cómo me llamo. – contestó la tercera.- Soy Cami. Y vos?- dijo con una sonrisa. Su pelo oscuro resaltaba del de las demás porque a diferencia de cualquier otro chico del colegio llevaba mechas azules.
- Natalia.- contesté nuevamente con una sonrisa tímida.
- Sos nueva en el pueblo?- preguntó Dena. Ahora ya todas se habían acomodado con sus almuerzos.
- Llegamos hoy.- dije revolviendo el café.
- Y tenés un hermano, no?.- preguntó Cami.
- Cami!.- interrumpió Mica.
- Bueno, quería saber si ese chico que vimos hoy era su hermano.- contestó Cami, disculpándose.
- Si tengo un hermano.- le dije mirando a Cami con una sonrisa amistosa. – Pero no creo que lo hayan visto. Dudo que salga de la casa por unos días.
- Estás segura? Hoy vimos a un chico en la plaza. Caminando un poco perdido. – agregó Dena
- Él no puede caminar.- dije dirigiendo mi vista al café y revolviéndolo.
Hubo un silencio. Un poco incómodo para ellas. Yo ya había asumido la discapacidad que tenía mi hermano pese al accidente y tenía fé en que volvería a caminar.
- No viene mucha gente nueva al pueblo, ni de visita. No es un buen lugar siquiera para pasar unas vacaciones.- dijo Mica tratando de romper el tenso momento.
- Quién más habrá venido? Quién sería ese chico?- preguntó Cami.
- Ya lo sabremos, todo se sabe..- Dijo Dena.- Querés venir al balneario mañana?.- me invitó sonriente.
- Es invierno y llueve.- dije un poco sorprendida por aquella invitación.
- No vamos a entrar al agua. A la salida del cole, ok?- dijo Cami.
- Nos vemos mañana.- dijo Mica despidiéndose con una sonrisa. Sonó el timbre y todas se levantaron.
Pasaron un par de horas más y volví para la nueva casa. Al llegar parecía que no había nadie.
- Jensen?.- pregunté. De seguro mis padres estarían buscando trabajo, pero él no podía hacer mucho con su silla de ruedas.
Caminé un pasillo que llevaba directo a la cocina, pero allí no había más que cajas llenas de vajilla. Volví hacia el living y subí la escalera. Dejé la mochila en mi cuarto y volví a bajar.
Fui hasta la heladera en busca de algo para almorzar y fue allí donde encontré una nota que no había visto antes:
“Salí un rato, no te preocupes por mí, voy a estar bien, no puedo caminar pero todavía sigo siendo el viejo Jensen”
Sonreí. Pero estaba preocupada. A dónde podría haber ido?
Llamé a su celular, pero no hubo caso, atendía el contestador. Dejé un mensaje:
“Jen, me gustaría saber dónde estás… em… el día es aburrido sin vos.. No, mentira... Quiero saber dónde estás porque no quiero estar sola. No conozco a nadie en este maldito lugar, y la verdad es que me da miedo. Yo tampoco quiero estar aca.”
Me senté a comer. Había demasiado silencio para mi gusto. Soy bastante asustadiza. Prendí la radio, pero la música no era muy buena. De todas formas la dejé para no sentirme tan sola.
Había terminado de comer pero aún seguía sentada frente a mi plato con un tenedor en la mano, rodeada de cajas sin abrir, de paredes gastadas, de un pasado que no quería recordar pero que no dejaba de pasar por mi mente.
De repente se escuchó un ruido arriba.
Me asusté. Demasiado, diría yo, pero superando mis temores fui a ver de qué se trataba. Subí las escaleras lentamente, tratando de no hacer ningún tipo de ruido.
Escuchaba que allí, donde iba a ser mi cuarto, donde había dejado mi mochila minutos antes algo golpeaba, contra el vidrio o las paredes, o ambos.
Tomé un palo. Estaba en el suelo, no sé muy bien de dónde había salido, pero por suerte estaba ahí en ese momento. Puse mi espalada contra la pared sosteniéndolo bastante fuerte y empujé con un golpe seco la puerta de mi habitación. Examiné rápidamente todo el lugar con la vista pero allí no había nada, incluso el sonido se había detenido. Solté el palo un poco más relajada aunque aún sentí algo de miedo. Respiré profundo, mirando para todos lados. Entré para cerrar una ventana que estaba abierta y en ese mismo momento algo me golpeó la espalda. Sentí que el corazón se me detuvo de repente. Fue entonces cuando me di vuelta cuan rápido pude y vi un pájaro allí, detrás de mí. Revoloteaba de un lado a otro chocando con cuanta cosa se interpusiese en su camino. Su velocidad era tal que no llegaba a distinguir qué clase de bicho era. Corrí hacia el pasillo y cerré la puerta. La cosa que estuviese allí dentro no podría salir. Pero qué diablos era?
Corrí escaleras abajo en busca de una ayuda que no encontraría porque la casa estaba vacía mientras maldecía estar allí. Cuando de repente, en mi ceguera momentánea por tal hecho me choqué con alguien. Mi miedo empeoró aún más.
Tras un grito ahogado pude ver a un chico parado frente a mí, también asombrado por la situación. Su cabello negro hacía que sus ojos celestes se distinguieran más que en cualquier otra persona que los tuviera. No podía dejar de mirarlo, no sabía cómo reaccionar. Sería un asesino?
- Qué pasó? .- dijo Jensen a unos pocos pasos de mí. Me alegré por escuchar aquella voz conocida.
- En mi cuarto… – dije acercándome a él y con voz algo entrecortada.- Hay algo…
- Estás bien?.- preguntó el chico que lo acompañaba, su voz era tan suave que transmitía armonía.
- Un pájaro. – le dije a Jensen sin contestar aquella última pregunta.- Da vueltas, se choca con las cosas, no pude ver qué es, no se detiene…- le seguí contando tratando de recuperar el aliento.
- Un pájaro?.- preguntó Jensen con una sonrisa en su rostro.- Vas a tener que esperar que llegue papá, no es que no pueda subir las escaleras.- dijo en tono chistoso mirando su silla de ruedas.- la realidad es que no tengo ganas.
- Jensen HAY ALGO AHÍ, Y QUIERO QUE SE VAYA.- dije subiendo un poco el tono de voz.
- No puedo ayudarte, o no ves?.- dijo mirándose sus piernas, ahora con un tono serio e incluso desafiante.
- Si querés puedo ir a ver…- dijo el chico.
- Subiendo las escaleras la primer puerta a la derecha.- le indiqué.- Te acompaño…
Ambos subimos la escalera en silencio y antes de abrir la puerta me dijo:
- Es mejor que te quedes acá, puede ser un murciélago, el pueblo está plagado de ellos, y pueden ser peligrosos.
- Entonces mejor no entres, llamemos a alguien que sepa.- dije preocupada, siendo consciente de que una mordida pude producirle rabia a su víctima. Sonrió e ignorándome, abrió la puerta.
Cerré los ojos temiendo volver a ver a aquel ser que me había espantado minutos antes, pero al abrirlos lentamente me di cuenta de que ya no estaba allí. El chico entró al cuarto, yo lo seguí, miró hacia cada rincón, y al no encontrar nada, sonrió.
- Te juro que estaba aca.- me defendí al quedar como una mentirosa frente a un desconocido. No terminé de decir eso cuando aquella cosa volvió al ataque, golpeaba contra una pared y otra sobre nuestras cabezas.
Nos agachamos por intuición, y él, muy protector, rodeo mi cuello con su brazo, cubriendo mi cabeza con su otra mano. Lo miré directamente a sus ojos azules que parecían no temer, me miró también y se dio cuenta que yo sí estaba invadida por el temor. Entonces tomó mi mano, y aún a gachas me llevó hasta la puerta. Ni bien supo que estaba afuera, cerró la puerta de mi habitación quedándose él del lado de adentro.
Corrí escaleras abajo y al ver a Jensen le dije:
- Esa cosa nos atacó, es un murciélago, lo va a morder.
Rió con desaprobación y le dio un mordisco al sándwich que tenía en la mano.
- Jensen!.- repetí al ver que no me había prestado atención.
- Ya se fue.- dijo el chico entrando por la puerta de la cocina.
- Estás bien?.- le pregunté sorprendida al ver que había regresado tan pronto.
- La casa estuvo abandonada por mucho tiempo, seguramente halla murciélagos por todas partes, no le hagas caso, es una exagerada.- dijo Jensen al chico.- Ahí te preparé un sándwich también.
El chico rió y se sentó también a comer. Sin más que hacer ni decir, me retiré de la habitación muy enojada.
Fui a mi habitación y comencé a sacar mis cosas de las cajas y a decorar el lugar. Puse un espejo enorme frente a la cama y en los bordes pegué fotos que realmente me gustaban:
Una de mi antigua casa con mis padres y yo sentados en la puerta, era una casa realmente grande, donde había vivido muchas cosas. Ese día era mi cumpleaños número quince, mi hermano la había tomado.
Abajo puse una de Jensen y Avril. Ambos estaban abrazados y tenían puestos unos gorros muy graciosos. Me detuve especialmente para ver aquella foto. Era de su tercer aniversario, ella era su novia, una chica realmente simpática, llena de vida, quien la conocía la adoraba de un segundo a otro. Jensen era muy feliz con ella. Pero aquel trágico accidente se la quitó. A él le dolió mucho más haberla perdido a ella que a sus dos piernas. Ya no le importaba volver a caminar, ni siquiera continuar su vida si no estaba ella allí. Ese fue uno de los mayores motivos por el que nos mudamos. Todo lo hacía recordarla. Siempre la íbamos a recordar, pero la vida de Jensen debía continuar. Además de ser la novia de mi hermano era una muy buena amiga para mí. No soy una persona que tiene muchas amistades, y mi nombramiento como porrista hacía que la gente esté conmigo solo porque debían hacerlo o porque les convenía hacerlo. Pero ella no, a ella eso no le importaba. Compartimos muchas cosas juntas, desde recitales y salidas hasta películas y cenas familiares. A mí también me dolió mucho perderla.
Más abajo puse una de mis mejores amigas. Una foto en la que estábamos las cinco. Eran las mejores amigas que alguien podía tener. Había compartido toda la vida con ellas, desde el jardín hasta lo que iba a de la secundaria y además éramos vecinas. Ellas conocían todo de mí y yo de ellas. Me habían ayudado a sobrepasar mis peores momentos y compartieron conmigo los mejores. Las iba a extrañar, las iba a ir a visitar, aunque comprendía que ya no sería lo mismo, pero sabía que ellas me entenderían.
Esto de pegar fotos me había costado mucho más de lo que creía, recordar algunas cosas me había hecho derramar una lágrima, pero no podía seguir viviendo del pasado, sí recordarlo y tenerlo presente, porque era lo que me había hecho ser la persona fuerte que era hoy en día, pero no podía seguir sufriendo por eso.
Decidí salir de mi cuarto para despejarme un poco, quizás me pondría a cocinar algo para la cena cuando lleguen mis padres, o solo tomar un café y ver un poco de televisión.
Abrí la puerta de mi cuarto y nuevamente me encontré con aquel chico espantador de murciélagos. No sabía que todavía estaba allí, había pasado un buen rato desde aquella situación con el mamífero asqueroso. Nos miramos y no sabíamos si hablarnos o continuar caminando.
- Gracias.- dije algo tímida.- por lo del bicho.- aclaré. Sonrió.
- En mi antigua casa estaban por todos lados, sé buenos trucos para deshacerme de ellos.- dijo tratando de acotar algo para que la situación no se tornara incómoda. Pero ya era demasiado tarde, era bastante incómoda. Mordí mi labio inferior y una vez más estaba centrando mi mirada en sus ojos, cuando me di cuenta de ello miré hacia el suelo.- Soy Jared.- se presentó.
- Natalia. – dije presentándome.- bajas?.- pregunté.
- Sí, creo que ya me voy, es tarde.- me dijo.
- Por dónde vivís? – pregunté mientras bajábamos las escaleras.
- Enfrente de la plaza principal, me mudé ayer.- me contó. Fue entonces cuando recordé lo que aquellas chicas del colegio me habían dicho sobre aquel chico, que creían mi hermano.
- Ah, nosotros también somos nuevos. Dónde conociste a Jensen?.- pregunté extrañada.
- En la plaza justamente…
- Buen día hija.- dijo mi papá recién llegado.
- Buenas noches.- le dije con una sonrisa.
- Me alegra que tengas un nuevo amigo. No me lo presentas?.- dijo dejando su maletin y su saco en el sillon del living.
- Es Jared. Es amigo de Jensen.- aclaré. Jared saludó respetuosamente.
- Ella es Judith la mamá de los chicos.- dijo mi papá al ver a mi madre asomada a la puerta del living.
- Hola !.- dijo mi madre tan efuciva como le era costumbre.- me imagino que te vas a quedar a comer.- dijo tomando demaciada confianza con aquel chico.
- Perdon, Jared, esta es mi familia.- dijo Jensen a unos pasos con una sonrisa en su rostro, quizas un poco avergonzado por la situación. Jared sonrió, aunque tímido aún.
- Es tarde, aunque podría quedarme, soy nuevo en el lugar, no tengo nada que hacer, le es de mucha molestia si me quedo?.- pregunto a mi madre. Su voz suave y pausada junto con ese tono respetuoso en el que hablaba habían conquistado la amistad de mi madre y la aprovación de mi padre. Además era bueno que Jensen vuelva a relacionarse con gente, desde lo sucedido no había vuelto a hablar con sus amigos.
- Pero claro que no es molestia. Voy a preparar algo riquísimo.- dijo muy entusiasmada y fue hacia la cocina.
Subi las escaleras de a dos escalones, Jensen se quedó con Jared mirando futbol y mi papá también los acompañó. Más tarde comimos, nos reimos durante toda la cena, contamos cómo había sido nuestro día en el nuevo lugar, Jared perdió la vergüenza, y nos contó varias cosas de su vida.
Una vez en mi cuarto comencé a pensar. Había sido una noche demasiado familiar para mi gusto. Pero sin embargo me hacía feliz. El cambio estaba dando resultado.
Un mensaje de texto de mi celular interrumpió mi sueño a mitad de la noche. Lo leí efusivamente creyendo que eran mis amigas. Pero estaba equivocada.
“No vuelvas a cometer los mismos errores.”
…¿?
No entendía. Traté de ver el destinatario, pero el número me sorprendió aún más que el mensaje: 1111-11111
Qué clase de broma era esta?